Si se cumple el propósito de invertir el 2.75% del PRODUCTO INTERNO BRUTO, PBI, estimado para el año 2011, cuyo monto ponderado sería de unos RD$2.1 X 10**12 (2.1 millón de millones), equivalentes a unos RD$5.8 X 10**10 (58,000 millones), contando con que el número de estudiantes previstos para cursar el año considerado es de cerca de 2 millones, hemos de colegir en que El Estado invertirá unos RD$29 mil por año por estudiante, entiéndase que, aritméticamente, esto sería lo mismo que decir que la familia dominicana pagaría, a través de sus impuestos entregados al estado, RD$2,900 mensuales.
Es bien sabido que la gran mayoría de los planteles escolares públicos están ya construídos y no se prevé, por tanto, ningún cargo por financiamiento de los mismos, lo cual, de hecho significa un saldo previo a favor, que si se tratara de una propiedad privada, acusaría un costo fijo muy oneroso.
Esta última referencia viene al caso porque me voy a referir a los costos de la Educación denominada "Privada", es decir, la que ofrecen los colegios instalados como negocios de lucro capitalista encuadrados en el sistema de Libre Empresa.
RD$29,000.00 no se corresponden con los costos pagados por anualidad por estudiante en los colegios de Superior lujo a los que asisten los hijos de los banqueros, los Ministros de Estado, y los de otros prósperos empresarios.
Sinembargo, sí se corresponde, -y hasta las superan-, con las tarifas que ofrecen la gran mayoría de los Colegios de Primera Calidad educativa.
Esta es una verdad dura, atrevida, osada, triste, dolorosa, pero del tamaño de la Catedral y como tal de respetable.
La administración del Estado tiene el deber, la obligación moral, legal, histórica y política de asumir la racionalización de los recursos dedicados a la educación sin eufemismos discursivos, de modo redituable y gananciosa para la sociedad de tan sacrificada inversión moral y material como es la dedicada a la educación y formación general de nuestros niños, de nuestro destino como país, como nación, como seres humanos.
Con estos números son muchas las especulaciones que se pueden desarroar, este material aritmético que se puede condensar en un sólo número, es bastante para construir mil supuestos sobre una u otra forma de invertir los recursos asignados para la educación.
Por mi parte, sigo convencido de que El Estado debe mantener el control de la política educativa a través de la cual se ha de modelar la construcción de nuestra sociedad, de nuestros hijos y su futuro.
Ese proceso tan trascendente debía contar con afanes patrióticos, ideológicos y éticos sobreacentuados. Esos números tienen que ser ajustados al máximo rendimiento.
Nuestro Ministro actual cuenta hoy, a manos llenas, con la gran oportunidad de su vida pública para trascender la historia de la Educación Dominicana. Ojalá que así lo comprenda y alcance a lograr el provecho previsto.
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