Yo, Julio Ramírez, poco o nada tengo para comprometer en favor de las gestiones del Sistema Nacional de Educación seguido por los gobiernos del Partido de la Liberación Dominicana.
Por suerte para este escrito, fuera de haber escuchado acerca de los dotes del Sr. Laluz como "arreglista y remedante mediático fino" de los entuertos públicos que le brotan a través de los medios a la actual administración del Estado Dominicano, poco sé de su intelecto, profesión, o especializaciones técnicas de alguna clase.
Sinembargo, hoy me correspondió escuchar algunas de sus consideraciones contrapuestas a las de una persona, de quien, dado el léxico tan especializado en materia de Filosofía de la Educación, Diseño Curricular y Formación Escolar Genera, que dejaba conocer mientras exponía sus consideraciones con respecto al llamado Texto Integrado que la Secretaría de Educación actual se ha propuesto aplicar como literatura básica de apoyo a la Educación Primaria, entendemos que se trata de un vate que bate un bate de alto calibre en materia de formación educativa.
José Laluz lució sorpresivamente artillado con unas armas francamente aplastantes.
Argumentó Laluz que nuestro sistema simplemente ha sido un fracaso en materia de formar líderes emprendedores, investigadores, innovadores, que somos una sociedad educada para el servilismo obediente requerido por aquellos más afortunados con las oportunidades privilegiadas que entran en el marco del sistema de mayordomía que requiere el modelo económico que nos soporta.
Ojalá que no hubiera tenido que colegir yo con nada de lo expuesto por el Sr. Laluz, ya que no suelo asimilar con buen aprecio esos retorcimientos de los cánones clásicos de la Ética a los que suele acudir cuando se le estrechan demasiado los nudos de las defensas de la corrupción administrativa, defensas con las que suele cargar nadando con la forzada determinación del salmón que remonta, aguas arribas, cualquier lógico obstáculo, tras buscar alguna poza tranquila donde desovar con éxito.
Laluz logró poner a su interlocutor de espaldas a su artillería, logrando que pidiera cacao, porque, nadie saldría bien parado sosteniendo el pesado fardo de deficiencias demostradas y mostradas por nuestro obsolescente sistema de formación escolar que acoge a nuestros niños.
Todos los indicadores internacionales exhibidos en los últimos tiempos nos han colocado en los últimos de los últimos lugares, con referencia a la educación de la subregión correspondiente a América Latina.
Ha sido una verdad vergonzosa y absurda, lastimosa, humillante hasta la abyección contra el orgullo de un pueblo del que se da cuenta que fuera la sede desde la que se repartieron las misiones que irían a toda América a llevar las innovaciones culturales de una nueva civilización basada en la Lengua Española.
José Laluz ha observado las carencias de propósitos primarios dedicados a enseñar a pensar en función de los tiempos presentes, tiempos que demandan dedicación acentuada a los análisis de la lógica de los procesos elementales que constituyen las células primarias de los complejos procesos científicos como los bioquímicos, electrónicos, sociales, etc., más avanzados.
Los Principios de la Metodología de la Investigación Científica, tienen que ser inculcados como Religión del Estado en materia de Educación, incluídos todos los niveles de curriculo primario, medio, secundario y, ni decir del Superior.
La transformación convulsiva de nuestro sistema de formación, es, precisamente lo necesario, lo obligado, en torno a la educación básica tiene que producirse un cataclismo revolucionario capaz de inspirar y conmover los cimientos que respaldan toda nuestra cultura esclavizada, carente de voluntades grandes que nos lleven a sentirnos auténticamente dichosos de ser dominicanos, sin afanes por cambiar nuestros pasaportes, por salir huyendo, por negar nuestro gentilicio.
Convertir nuestras Universidades en Zonas Francas para producir profesionales capaces llegados de cualquier parte del Mundo a procurar la Gran Calidad de sus egresados. La viabilidad de esta medida, vista como proyecto meramente económico, apunta a ser "un palo".
A este sueño, con visos de utopía, que estuvo a las manos de los dominicanos, sólo le faltó una firme voluntad de Estado, cuando durante las décadas de los setenta y ochenta, proliferó la demanda de Universidades por estudiantes de Venezuela, España, USA, Asia, y otras regiones, oportunidades que se alejaron, entre otras razones, por el descrédito en el que cayó nuestro sistema de control de la Educación Superior.
Al actual presidente, más allá de cualquier coba rastrera que se nos quisiera endilgar o sugerir, hemos de reconocerle que les sobran luces para iniciar de forma contundente el proceso de construcción de el nuevo Paradigma que acoja y logre la transferencia definitiva de nuestra educación en torno a una sociedad autogestionada, capaz de ser propietaria titular y de hecho de su destino social, político, científico y económico.
Las luchas encaminadas por toda la sociedad dominicana en torno a empujar al Estado a dedicar una mejor atención al proceso educativo básico, incluyendo mayores asignaciones presupuestarias, carecerían de efectos auténticamente capaces de modificar nuestros resultados tan magros, si no viene acompañada de un afán por nuevas definiciones encaminadas a lograr la trascendencia de la proposición.
De hecho, si calculamos la inversión que actualmente hace el Estado en los procesos de educación, aunque francamente muy frugal, nuestros gastos correspondientes a la formación primaria, secundaria y Universitaria dominicana, alcanzarían, debidamente administrados, para una educación muy superior a la que actualmente nos sirven sus actores.
El Estado tiene que multiplicar sus esfuerzos, -incluídos, obviamente, el de las asignaciones presupuestarias-, con honestidad política de religiosa firmeza.
Los ejes fundamentales sobre los que han de girar todas las bielas de nuestra identidad deben ser la educación y el nacionalismo.
Con referencia a la Educación misma, los ejes fuertes, templados y pulidos que han de soportar la misma, han de ser la enseñanza de la lengua dirigida a la comprensión de la lógica de todo lo que se mueve y de lo que no se mueve, el afianzamiento científico y el afianzamiento del conocimiento de las virtudes humanas y su igualdad absoluta en términos humanos.
Finalmente, puesto a la moda de opinar sobre el texto integrado para la educación, hoy motivo de agudos debates, vale la pena señalar que si bien el propósito, la intención, la filosofía en la que se basó su concepción, son harto defendibles, la terminación de su texto, su forma, su pulimento, su estructura literal, es pobre, descuidada, una obra de artesanía menor que puesta a ser revisada en manos más dedicadas, su objetivo puede llegar a ser el inicio de un proceso de movimientos estimuladores para el logro de la construcción de un nuevo y positivo modelo de enseñanza tras los propuestos por los que abogamos.
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