lunes, 31 de enero de 2011

NEMA,! CONO!, CANAJO!

Ay ñeñe! Dese hace años llegan señales de cabañuelas extrañas, dicen que al Español, la mala calaña le está acuñando el ñu con saña y ponzoñas, buscan dañarlo con malas mañas, quieren ñampiarle el moño a la eñe a puño y puñal, le van a dar leña.

No sembraremos piñas, cañas ni bangañas, no veremos más arañas, uñas de gatos ni de caballos pezuñas. Se fuñeron los ñoños y las ñoñas, el tío Ñaño, Ñaña y la tía ñiñí.

España, que cultiva la mala maña de añoñar para mañana, no deja de refunfuñar, tenemos que escudriñar la forma de no dejarnos engañar, que no se vuelvan sólo carroñas, añoranzas y sueños añejos las riñas morriñas entre los niños y niñas, los pañales, las piñas coladas, la caña de azúcar, las canquiñas, los cañonazos del Año Nuevo, el Gran Cañón, el ñandú y el ruiseñor, los peñascos de los ríos, las peñas del poeta Jorge Piña, el gallego Escobiña de Tres Patines, el Doctor Piñeyro, la cantante Hilda Saldaña no se le verán ni más greñas ni más moños, nuestro Conde de Peñalva, los Iñaqui de la Reina, los Cañizales, los Carreño, los Patiño, al poeta Muñibá, los Faña, los Núñez y hasta el Muñoz de mi madre, el Vale Toño, La Cabaña del Tío Tom, los tejidos La Coruña, Cataluña, las pastas boloñesas, el coñac, la tiña y los teñidores.

La Señora Doña Sofía de España, dueña de tal Señorío, bien aliñada, no oirá más castañuelas, no más filete Miñón ni Marco Antonio Muñiz, se perderán las reseñas del Peñón de Gibraltar, los plañidores, el truño y similindruño, Vásquez Raña, los Carreños, las mañanas y el mañana, El merengue a Siña Juanica, Al Maestro con Cariño, el tío Siño Ignacio, el tañir de las campanas, los porteños y cinqueños, los viñedos, lo buñuelos, bigañuelos, los isleños y los holmeños, no habrá más gallos con tiñas, ni más guiños ni más ñorbos, ni pobres depiluñados, y de ñapa, ni ricos bañados en oros ni blancos restañados.....

sábado, 18 de diciembre de 2010

LENGUA Y APRENDIZAJE EN LAS CIENCIAS

Entre los atributos desarrollados por la inteligencia de los seres vivos, tal como hasta ahora alcanzamos a concebirla, la comunicación entre los seres humanos es uno de los más trascendentes para el continuo perfeccionamiento de sus objetivos tales como el conocimiento, la supervivencia, el perfeccinamiento y la comprensión de sus orígenes, razones, futuro y final.

Por su parte, el lenguaje ha devenido en un instrumento casi imprescindible para la concepción, profundización y ordenamiento de las ideas, conceptos, subjetivizaciones, objetivizaciones en la labor de razonar y construir razones y razonamientos.

La investigación, sobretodo la investigación que aplica los cánones establecidos como Método Científico, precisa con imprescindibilidad radical, del conocimiento de la Lengua en grado más allá de lo coloquial, más allá de lo comúnmente válido para las comunicaciones rudimentarias, suficientes éstas para el diario desenvolvimiento laboral, familiar y social entre la raza humana.

La enseñanza ampliada y sistemática de La Lengua, es, por tanto, una prioridad sin la cual no es posible desarrollar el pensamiento científico, la vocación de investigación, el conocimiento de las rutas que conduzcan hacia el desarrollo de una seguridad de independencia como Nación auténticamente libre, con fueros propios desde el punto de vista cultural, económico y emocional.

La enseñanza de la lengua hemos de convertirla en el eje fundamental sobre el que han de soportarse y girar todos los demás aprendizajes y conocimientos científicos.

Todo el sistema de formación académica, primaria, media, secundaria y universitaria en todos sus grados, ha de preverse como concebido en forma de signos construidos en función de la lengua y sus aplicaciones, montada siempre en en los algoritmos registrados en la lógica informática que nos sirve la sintaxis del lenguaje.

Es así, por tanto, como las necesidades de acentuar el la enseñanza del lenguaje y sus algoritmos lógicos devienen en una urgencia de carácter generalizado para todo el Sistema Nacional de Educación.

Nuestras presentes experiencias nos condujeron a conocer los cuadernillos de las denominadas Pruebas Nacionales.

Tras nuestras observaciones, siguiendo varios años del contenido servido en los cuestionarios que le han sido sometido a los estudiantes de último año de secundaria, podemos hablar de observaciones calamitosas, las referidas al lenguaje en el que las proposiciones y preguntas fueron redactadas.

Difícilmente, el mejor estudiante, el más inteligente y aprovechado de toda la nación, alcance a comprender completamente las preguntas hechas, sin confundirse, pues el pésimo manejo de la lengua, exhibido por los propios formuladores de los cuestionarios, deja tantas lagunas en los textos de las pruebas en asignaturas relativas a las ciencias y las matemáticas.

La primera condición para alcanzar la habilidad de resolver un planteamiento científico, es comprender y manejar el lenguaje en el que están contenidas las proposiciones, los códigos y la lógica de su sintaxis, así como el contenido semiológico de sus signos y símbolos.

Es sencillamente imposible desentrañar soluciones lógicas contenidas en una proposición matemática, física, química o filosófica, si no se maneja con la oportuna propiedad el lenguaje en el que se sirve la proposición considerada.

Es esta razón fundamental por la que los niveles de aprovechamiento en el aprendizaje de las ciencias, resulta, generalmente, tan bajo.

Si los educadores mismos no manejan el conocimiento y dominio de la lengua con la propiedad correspondiente, sus enseñanzas quedarán truncas, el estudiante quedará frustrado, descreído y confundido, y, sobretodo, saldrá incapacitado para comprender o analizar los fenómenos científicos, sus argumentos lógicos, y, consecuentemente, será incapaz de abordar proceso de investigación científica alguno.

Seguirá limitado a ser mayordomo mandadero en cualquier proceso humano de rebuscamientos sistemáticos originales. La Enseñanza de la lengua tiene que ser puesta en manos de especialistas y maestros.

Debe ser tratada como una Urgencia Nacional, con el propósito de lograr la recuperación de tantos años de retraso, anunciados y reconocidos local e internacionalmente como una tragedia en nuestro sistema de educación.

jueves, 16 de diciembre de 2010

PRESUPUESTO Y EDUCACIÓN NACIONAL

Si se cumple el propósito de invertir el 2.75% del PRODUCTO INTERNO BRUTO, PBI, estimado para el año 2011, cuyo monto ponderado sería de unos RD$2.1 X 10**12 (2.1 millón de millones), equivalentes a unos RD$5.8 X 10**10 (58,000 millones), contando con que el número de estudiantes previstos para cursar el año considerado es de cerca de 2 millones, hemos de colegir en que El Estado invertirá unos RD$29 mil por año por estudiante, entiéndase que, aritméticamente, esto sería lo mismo que decir que la familia dominicana pagaría, a través de sus impuestos entregados al estado, RD$2,900 mensuales.

Es bien sabido que la gran mayoría de los planteles escolares públicos están ya construídos y no se prevé, por tanto, ningún cargo por financiamiento de los mismos, lo cual, de hecho significa un saldo previo a favor, que si se tratara de una propiedad privada, acusaría un costo fijo muy oneroso.

Esta última referencia viene al caso porque me voy a referir a los costos de la Educación denominada "Privada", es decir, la que ofrecen los colegios instalados como negocios de lucro capitalista encuadrados en el sistema de Libre Empresa.

RD$29,000.00 no se corresponden con los costos pagados por anualidad por estudiante en los colegios de Superior lujo a los que asisten los hijos de los banqueros, los Ministros de Estado, y los de otros prósperos empresarios.

Sinembargo, sí se corresponde, -y hasta las superan-, con las tarifas que ofrecen la gran mayoría de los Colegios de Primera Calidad educativa.

Esta es una verdad dura, atrevida, osada, triste, dolorosa, pero del tamaño de la Catedral y como tal de respetable.

La administración del Estado tiene el deber, la obligación moral, legal, histórica y política de asumir la racionalización de los recursos dedicados a la educación sin eufemismos discursivos, de modo redituable y gananciosa para la sociedad de tan sacrificada inversión moral y material como es la dedicada a la educación y formación general de nuestros niños, de nuestro destino como país, como nación, como seres humanos.

Con estos números son muchas las especulaciones que se pueden desarroar, este material aritmético que se puede condensar en un sólo número, es bastante para construir mil supuestos sobre una u otra forma de invertir los recursos asignados para la educación.

Por mi parte, sigo convencido de que El Estado debe mantener el control de la política educativa a través de la cual se ha de modelar la construcción de nuestra sociedad, de nuestros hijos y su futuro.

Ese proceso tan trascendente debía contar con afanes patrióticos, ideológicos y éticos sobreacentuados. Esos números tienen que ser ajustados al máximo rendimiento.

Nuestro Ministro actual cuenta hoy, a manos llenas, con la gran oportunidad de su vida pública para trascender la historia de la Educación Dominicana. Ojalá que así lo comprenda y alcance a lograr el provecho previsto.

miércoles, 15 de diciembre de 2010

José Laluz y Sus Razones Ante Nuestro Sistema de Educación Fracasado

Yo, Julio Ramírez, poco o nada tengo para comprometer en favor de las gestiones del Sistema Nacional de Educación seguido por los gobiernos del Partido de la Liberación Dominicana.

Por suerte para este escrito, fuera de haber escuchado acerca de los dotes del Sr. Laluz como "arreglista y remedante mediático fino" de los entuertos públicos que le brotan a través de los medios a la actual administración del Estado Dominicano, poco sé de su intelecto, profesión, o especializaciones técnicas de alguna clase.

Sinembargo, hoy me correspondió escuchar algunas de sus consideraciones contrapuestas a las de una persona, de quien, dado el léxico tan especializado en materia de Filosofía de la Educación, Diseño Curricular y Formación Escolar Genera, que dejaba conocer mientras exponía sus consideraciones con respecto al llamado Texto Integrado que la Secretaría de Educación actual se ha propuesto aplicar como literatura básica de apoyo a la Educación Primaria, entendemos que se trata de un vate que bate un bate de alto calibre en materia de formación educativa.

José Laluz lució sorpresivamente artillado con unas armas francamente aplastantes.

Argumentó Laluz que nuestro sistema simplemente ha sido un fracaso en materia de formar líderes emprendedores, investigadores, innovadores, que somos una sociedad educada para el servilismo obediente requerido por aquellos más afortunados con las oportunidades privilegiadas que entran en el marco del sistema de mayordomía que requiere el modelo económico que nos soporta.

Ojalá que no hubiera tenido que colegir yo con nada de lo expuesto por el Sr. Laluz, ya que no suelo asimilar con buen aprecio esos retorcimientos de los cánones clásicos de la Ética a los que suele acudir cuando se le estrechan demasiado los nudos de las defensas de la corrupción administrativa, defensas con las que suele cargar nadando con la forzada determinación del salmón que remonta, aguas arribas, cualquier lógico obstáculo, tras buscar alguna poza tranquila donde desovar con éxito.

Laluz logró poner a su interlocutor de espaldas a su artillería, logrando que pidiera cacao, porque, nadie saldría bien parado sosteniendo el pesado fardo de deficiencias demostradas y mostradas por nuestro obsolescente sistema de formación escolar que acoge a nuestros niños.

Todos los indicadores internacionales exhibidos en los últimos tiempos nos han colocado en los últimos de los últimos lugares, con referencia a la educación de la subregión correspondiente a América Latina.

Ha sido una verdad vergonzosa y absurda, lastimosa, humillante hasta la abyección contra el orgullo de un pueblo del que se da cuenta que fuera la sede desde la que se repartieron las misiones que irían a toda América a llevar las innovaciones culturales de una nueva civilización basada en la Lengua Española.

José Laluz ha observado las carencias de propósitos primarios dedicados a enseñar a pensar en función de los tiempos presentes, tiempos que demandan dedicación acentuada a los análisis de la lógica de los procesos elementales que constituyen las células primarias de los complejos procesos científicos como los bioquímicos, electrónicos, sociales, etc., más avanzados.

Los Principios de la Metodología de la Investigación Científica, tienen que ser inculcados como Religión del Estado en materia de Educación, incluídos todos los niveles de curriculo primario, medio, secundario y, ni decir del Superior.

La transformación convulsiva de nuestro sistema de formación, es, precisamente lo necesario, lo obligado, en torno a la educación básica tiene que producirse un cataclismo revolucionario capaz de inspirar y conmover los cimientos que respaldan toda nuestra cultura esclavizada, carente de voluntades grandes que nos lleven a sentirnos auténticamente dichosos de ser dominicanos, sin afanes por cambiar nuestros pasaportes, por salir huyendo, por negar nuestro gentilicio.

Convertir nuestras Universidades en Zonas Francas para producir profesionales capaces llegados de cualquier parte del Mundo a procurar la Gran Calidad de sus egresados. La viabilidad de esta medida, vista como proyecto meramente económico, apunta a ser "un palo".

A este sueño, con visos de utopía, que estuvo a las manos de los dominicanos, sólo le faltó una firme voluntad de Estado, cuando durante las décadas de los setenta y ochenta, proliferó la demanda de Universidades por estudiantes de Venezuela, España, USA, Asia, y otras regiones, oportunidades que se alejaron, entre otras razones, por el descrédito en el que cayó nuestro sistema de control de la Educación Superior.

Al actual presidente, más allá de cualquier coba rastrera que se nos quisiera endilgar o sugerir, hemos de reconocerle que les sobran luces para iniciar de forma contundente el proceso de construcción de el nuevo Paradigma que acoja y logre la transferencia definitiva de nuestra educación en torno a una sociedad autogestionada, capaz de ser propietaria titular y de hecho de su destino social, político, científico y económico.

Las luchas encaminadas por toda la sociedad dominicana en torno a empujar al Estado a dedicar una mejor atención al proceso educativo básico, incluyendo mayores asignaciones presupuestarias, carecerían de efectos auténticamente capaces de modificar nuestros resultados tan magros, si no viene acompañada de un afán por nuevas definiciones encaminadas a lograr la trascendencia de la proposición.

De hecho, si calculamos la inversión que actualmente hace el Estado en los procesos de educación, aunque francamente muy frugal, nuestros gastos correspondientes a la formación primaria, secundaria y Universitaria dominicana, alcanzarían, debidamente administrados, para una educación muy superior a la que actualmente nos sirven sus actores.

El Estado tiene que multiplicar sus esfuerzos, -incluídos, obviamente, el de las asignaciones presupuestarias-, con honestidad política de religiosa firmeza.

Los ejes fundamentales sobre los que han de girar todas las bielas de nuestra identidad deben ser la educación y el nacionalismo.

Con referencia a la Educación misma, los ejes fuertes, templados y pulidos que han de soportar la misma, han de ser la enseñanza de la lengua dirigida a la comprensión de la lógica de todo lo que se mueve y de lo que no se mueve, el afianzamiento científico y el afianzamiento del conocimiento de las virtudes humanas y su igualdad absoluta en términos humanos.

Finalmente, puesto a la moda de opinar sobre el texto integrado para la educación, hoy motivo de agudos debates, vale la pena señalar que si bien el propósito, la intención, la filosofía en la que se basó su concepción, son harto defendibles, la terminación de su texto, su forma, su pulimento, su estructura literal, es pobre, descuidada, una obra de artesanía menor que puesta a ser revisada en manos más dedicadas, su objetivo puede llegar a ser el inicio de un proceso de movimientos estimuladores para el logro de la construcción de un nuevo y positivo modelo de enseñanza tras los propuestos por los que abogamos.